miércoles, julio 15, 2015

Poema errante LXIV

Parte de la selección de mi primer poemario "Poemas errantes"



Llamé a tu puerta cuatro o cinco veces
sin recibir respuesta.

Me marché pateando piedras
y esquivando razones sin entender.

Caía la noche
y la luna acompañaba mi caminar,
mientras tú,
tendido mirando al infinito,
me llamabas sin nombrarme.

Por las aceras grité tu nombre en vano,
los faroles se apagaban con paciencia
y quedé a oscuras.

Me senté en el parque como queriendo olvidarte
y conté estrellas en tu ausencia.

El silbido del viento me invitaba a volar,
cuando las hojas secas caían
y evocaban tristes melodías.

Era el tiempo de los amantes
y yo sólo estaba ahí,
con la mirada perdida
y tu imagen arrugada entre mis manos,
que anidé como el último tesoro.

Descrucé mis piernas,
me aferré a mi abrigo.

Era tarde, la cuidad estaba oscura;
las calles vacías
y mis ojos aún llamaban en vano tu nombre.


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