domingo, octubre 12, 2014

Texto presentación de Poemas errantes


En el marco del II encuentro de editoriales cartoneras y bajo el alero de Olga Cartonera publiqué Poemas Errantes, un poemario de 43 textos, que muestran una selección del trabajo de mi autoría.
Presento acá el texto que hice para la presentación

Manifiesto errante: Llegó la poesía a buscarme (Neruda)
La palabra manifiesto es un término potente, que habla por sí solo; es algo claro, evidente, que hace pública una declaración de principios, como ésta: soy poeta. Y ojo, no poetisa, sino poeta, a secas, porque considero al género de la poesía como universal, donde hombres y mujeres han tenido trayectorias de importancia, como Alfonsina Storni, García Lorca y los nuestros Gabriela Mistral y Pablo Neruda por mencionar sólo algunos ejemplos.
Este manifiesto se apellida errante y está cargado de reminiscencias nerudianas, porque fue ese autor el que me acercó a la poesía.
Uno de sus escritos, que también se llama poesía, habla del encuentro del poeta, que no sabe aún que lo es, con las letras, donde el autor de versos no es más que un receptor, que pareciera esperar, en su adolescencia, que vengan por él. Dice Neruda en su poema la poesía:  

"Y fue a esa edad...
Llegó la poesía a buscarme.
No sé, no sé de dónde salió, 
de invierno o río.
No sé cómo ni cuándo,
no, no eran voces,
no eran palabras, ni silencio,
pero desde las ramas de la noche,
de pronto entre los otros,
entre fuegos violentos
o regresando solo,
allí estaba sin rostro
y me tocaba"...

Si me preguntan qué es la poesía, me costaría elaborar una respuesta rápida, porque explicar lo que se siente al presionar un lápiz sobre un papel cargado de sentimientos, donde uno desnuda su alma, es complejo.
En un principio, mi cercanía con la poesía fue por la necesidad de soltar, de sacar de mi interior lo que me agobiaba. El camino se tornó pedregoso y el resultado no fue el que en un inicio creí lograr; en este punto cito a Neruda y parte de su oda a la poesía: “al principio enredaba los pies y caía de bruces sobre la tierra oscura o enterraba los ojos en la charca para ver las estrellas”.
Iba y volvía, repetía ideas, buscaba otras nuevas, desechaba las anteriores. Movía mi lápiz incansablemente, como queriendo que de él salieran metáforas, hipérboles, versos y verbos decidores, pero poco ocurría, como alguna vez a mi poeta favorito le ocurrió:

“y escribí la primera línea vaga, 

vaga, sin cuerpo,

pura tontería, 

pura sabiduría 

del que no sabe nada, 

y vi de pronto

el cielo desgranado 

y abierto”,

Lo que me inspiraba, no lo hacía de manera constante, por tanto, mis escritos a veces zozobraban y quedaban a la deriva. Debía darle tiempo a mi musa interna para que floreciera cuando ella lo considerase pertinente. Fue siempre muy voluntariosa…y lo sigue siendo. Porque como dice el poeta español José Hierro “la poesía se escribe cuando ella quiere”.
Subsanada la lucha entre dos entes que siempre quieren hacer su voluntad, ella y yo, llegamos a un consenso, que con el tiempo fue funcionando. De esta lucha dialéctica había un resultado tangible, una nueva tesis que sería poética pura.
Lentamente la poesía había dejado de ser una especie de terapia parecida a un diario de vida, donde de cuando en cuando, reventaba mi lápiz con ideas propias, otras veces inventadas, para convertirse en un talento incipiente, que satisfacía mis ojos cuando repasaba esos versos libres llenos de letras, de puntos suspensivos, de ideas, de oximores, de metáforas, de rimas, de mí…
            Una vez aclarado cómo nos encontramos la poesía y yo, me gustaría desmenuzar el nombre que lleva este poemario.
¿Por qué poemas?
Como dijo el gran Nicanor Parra en algún momento, “la poesía es todo lo que se mueve, el resto es prosa”. Con esta afirmación creo también rescatar mi esencia: soy principalmente movimiento. Lo estático en mí ser es efímero, y el movimiento es algo constante, como el fluir del agua, como el febrero de acuario, cuando nací por primera vez.
¿Por qué errantes?
En primer lugar, mis poemas son errantes, porque yo, su autora, soy una escritora de la vida errante, como suelo describirme. De la misma manera, las letras que compusieron mis versos primigenios, deambulaban de libreta en libreta, de papel en papel, y, cuando escaseaban, cualquier boleta o servilleta servía para resguardar aquellos versos que hoy quedan plasmados.
Asimismo, cabe destacar que estos más de 40 poemas que les obsequio, no son todos los que existen, sino que una selección de mi trabajo de años. Como ustedes podrán ver, ningún poema lleva nombre, lo que los hace más errantes todavía. A cambio de palabras para que los describieran, preferí utilizar un número romano por título, emulando al poeta que más de una vez me quitó el sueño con sus versos, Pablo Neruda.
El paso a seguir fue la selección de mis obras. En un momento, pretendí utilizarlos todos, pero a medida que los leía, la diferencia de los primeros escritos era muy grande con los más nuevos, y no generaban en mí esa satisfacción del trabajo bien hecho que sí prodigaron los que aquí exhibo, estableciendo desde ya, que tengo mis favoritos.
Una vez seleccionados los poemas que irían en mi poemario, debía establecer un orden ¿Cómo ordenar un montón de poemas errantes sin más título que un número romano puesto por las circunstancias y tiempo en el cual fueron escritos?
Como poemas en movimiento, tomé la decisión más salomónica que tuve en aquel sábado de invierno, cuando logré establecer un “orden” en este desorden literario de poemas vagabundos: puse en pequeños trozos de papel los números que correspondían al título de cada escrito y los doblé. Dentro de una bolsa introduje los 43 papelitos cuidadosamente doblados para no hacerme trampa y los fui sacando de a uno, hasta establecer la numeración que hoy tiene el poemario, que puede ser leído de la manera que más acomode; para mí, de atrás para adelante, como suelo hacerlo. Si quiere, parte desde la página 1, pero si parte al revés, lo hace no en desorden, sino más bien en un orden diferente y en este caso, el producto no se ve alterado por el orden de los factores.
Quiero agradecer a los presentes por darse el tiempo de acompañarme en este día especial: a mis grandes amigos, a mi familia por quererme poeta errante, diferente, sensible y vibrante. A mi marido alias el negrito, por mirarme con paciencia cuando le hablaba de poemas, de Neruda y le leía mis cosas; a Olga Cartonera compuesta por mis amigos Olga y Miguel por el tremendo trabajo, bello y desinteresado que realizan y por sobretodo, por la promoción de escritores nuevos; al escritor amigo Michael Rivera que alguna vez me pidió un poema para sus clases y a quien más de una vez molesté literariamente; a mi gran amigo y talentoso escritor Felipe Valdivia por brindarme una amistad sincera, por su paciencia infinita para mis constantes dudas y su tremenda ayuda en momentos cruciales.
Tal como alguna vez le dijo el cartero Mario Ruoppolo a Neruda, cuando fue sorprendido por el poeta usando sus poemas para enamorar a Beatrice en la película Il Postino: “la poesía no es de quien la escribe, sino de quien la necesita” y de esta manera, desnudo mis versos ante ustedes y los hago suyos.
Paz Crovetto











2 comentarios:

OlgaCartonera dijo...

Gracias por confiar en nuestro proyecto y hacernos parte- Abrazos de cartón

LAMBERTO PEREZ NAVARRO dijo...

Mis felicitaciones sinceras. Hermosas palabras para una gran obra, que no solo es el libro sino que todo lo que lo rodea.