viernes, mayo 07, 2010

de cohetes, bicletas y castillos



cada vez que me pongo a pensar en nada simplemente, la cabeza se transporta hacia otra realidad. Como si flotase me lleva a lugares tan diversos que van desde una playa, una bicicleta, una audaz visita a la luna, lugar en el cual no siento miedo a volar, pues la gravedad se extinguió...sólo me dedico a flotar.
Nunca soñé en convertirme en una astronauta, pero no niego, ni reniego que de vez en cuando no existe mejor placer que 'andar en la luna' y poder abstraerse del mundo. Esto es parecido a la sensación que tengo al subirme a una bicicleta: sólo ahí logro mantener mi mente como una 'tabula rasa': se olvida el orbe, se olvida el amor, se olvida Serrano, se olvida Neruda...se olvida olvidar...
Desafortunadamente, el aterrizaje tiende a ser un poco forzoso, pues si no es con un auto que toca la bocina, o un semáforo esperando en una esquina en la cual no se puede cruzar o algún golpe innecesario causado por el choque irresponsable de mi rueda con alguna canaleta, es con alguna correa de un animalito que pasea o con el susto simplemente de no poder frenar a tiempo: susto que aumenta si está oscureciendo o si no llevo casco.
Podrían catalogarme de irreponsable, pero por lo general uso casco, pues el casco es como los calcetines: con ventilación son mejores.
Terminado ese pequeño recreo de vuelta a la normalidad, mi mente vuelve a volar más alto que los volantines, es a partir de aquí que me guste tanto pedalear, pero no lo hago muy seguido, pues de nada sirve que Santiago cuente con kilómetros y kilómetros de calles horriblemente pavimentadas -y ciclovías que no se conectan entre sí- si por todas partes me rodean detractores de mi oficio: peatones que se indignan si transito por la vereda; autos que se me tiran encima porque ando por la calle; automovilistas furiosos porque cruzo en un paso establecido como 'paso peatonal'; autos estancados porque cruzo donde está permitido a deportistas cruzar si transitan por el parquecito de Vespucio: es una especie de complot en contra de los peatones, ciclistas y deportistas. Mas, ya no me complico, pues no hay nada que un buen garabato no solucione, incluso si requiere ser de grueso calibre, de esos, sé muchos.
En ocasiones pienso que es agotador nadar contracorriente, pero una vez que se atraviesa el río, se sale airoso; agotado, pero vencedor, como muchos de los que lucharon con todas las de perder: Gandhi, Mandela, Luther King: el triunfo a veces podrá ser póstumo, algunas veces, los autores podrán gozar del logro realizado, para saborearlo, palparlo y digerirlo. Me encantaría tener siquiera un ápice de ese logro, aunque sea post mortem. No pretendo tener una estrella en el paseo de las estrellas, ni que mi cuerpo cree un modelo de cera para Madame Tusseau, me conformaré cuando digan "¿ te acuerdas de esa joven muchacha que...?"
En pensar estas barbaridades se me va la vida y despega el cohete que me lleva a nadar y flotar en la luna para luego aterrizar en paracaídas en la bicicleta que me lleve a continuar mi eterna utopía: construir castillos en el aire de manera gratuita, como estas letras que lees, que de propio sólo cuentan con el derecho de autor.

2 comentarios:

hombredelacoraza dijo...

Recuerdo que antes tenía muchos momentos para "andar en la luna" y divagar en tantas cosas... esta vida cada vez mas agitada, te va consumiendo ese tiempo de soledad... los cuales se disfrutan micho tambien.... claro, mis pensamientos van acompañados entre humo de cigarrillo o una copa de vino... o ambos, si bien no parece muy sano, si creo que mentalmente este abstraerse de la realidad contribuye a eliminar un poco de stress de nuestras vidas...

salud-os!

Anónimo dijo...

No serás tú la ciclista que atropelló a mi perro en la vereda?
El problema es que muchos ciclistas, de esos que andan por la vereda, sienten que los peatones somos los que vamos por donde no debemos.
Mejir que vueles en dos pies y no en dos ruedas.
Jaaja
Entretenido y volado tu artículo.
Pata