lunes, septiembre 04, 2006

infidencias....8va parte.........

–Y me sigues interrumpiendo, justo cuando iba en la parte más interesante, de repente me da tanta rabia contigo, el típico doble discurso… es degradante, me hace tener un cierto recelo hacia ti. Debo acostumbrarme, si estás todo el día pendiente de lo que hago o de lo que dejo de hacer ¡Búscate una vida!
– ¿Una vida?, si eras tú la que decías que era triste la vida de esos sin vida y si lo dices es porque sabes lo que se siente. Tú eres la que no tiene vida, encuentra una porque la vida no te buscará a ti ¿Quién querría estar con una bipolar neurasténica como tú? Vamos a dormir será mejor, para ver si el sueño le otorga algo de lucidez a tus neuronas por la mañana.
–Prefiero evitar los problemas y dejar mi hazaña para contarla en la mañana para ver si así no me interrumpes.
Pero como voy a dormir en un momento tan crucial, si estoy por terminar el relato, falta tan poco y ésta me hace acostar, como si fuera mi mamá… ¿Con qué ropa? Deberé hablar bajito entonces para que no me interrumpa de nuevo con eso de que tiene sueño, patrañas.
Cuando faltaba muy poco para que las actrices pasaran a escena, fui a mi real lugar de trabajo y ayudé a la persona de vestuario a vestir a Rapunzel, lo hice con mucha calma y sin ningún recelo, incluso le deseé buena suerte y le dije que confiara en su talento, ese que yo quería hurtar, pero nunca puede… ahora sería mi turno de actuar, el papel secundario sería para ella.
Se sentían los aplausos y el murmuro de la gente, mi estómago estaba revuelto .Era el día de mi gran debut, mierda mierda para todos y que comience la función. Se abrieron las cortinas y la gente comenzó a aplaudir, estaba tan nerviosa…entraron los artistas a la escena primera y sacaron muchos aplausos, ¡Que más quisiera yo que hubiesen sido para mí!
– ¿No qué tenías el papel principal?
– ¿No qué estabas durmiendo?
–Es de mala educación responder una pregunta con otra pregunta, tu papel principal…
–Ah, eso. Mi papel principal estaba dentro del plan maestro, se podría decir que incluso era la guionista, porque le di fuerza a la obra. A lo mejor en literatura no me hubiesen discriminado por ser bipolar, ¿Qué crees tú?
–No lo sé realmente, no trabajo en ninguna facultad…
–Ya se acercaba la escena romántica y estaba tan ansiosa como Rapunzel que iba a ser besada por mi príncipe, pero yo la detendría antes; no iba a permitir que ese amor de fantasía se cerrara con un beso de ellos, el único beso que podría sellarse sería el mío y de Ernesto, como mi limón Ernesto Ludovico.
–Y sigues con lo del limón, si ya lo cortaron…
–Pero es para que se entienda que lo quería tanto como a mi limón Ernesto Ludovico.
–Limón, eso me recuerda al vestido de novia.
–Acuérdate que era blanco, incluso aunque no me guste ese color, estaba muy “out” ir la iglesia de verde ¿No lo crees así?
Como te decía, iba a ser imposible que ese beso se consolidara bajo la mirada expectante de miles de personas, no lo permitiría. Cuando el príncipe empezó a trepar por los cabellos…
–Si sé que eran tus cabellos de oro, pero ya no es más así, acuérdate que estás pelada… ¿Y qué pasó con Rapunzel?
–Justo en la parte en que ella dejaba que el príncipe trepara por sus cabellos dorados… ¡Cabellos dorados!, la escalera comenzaría a flaquear. Mis ojos brillaban como un haz de luz, estaban esperando que ella cayera hacia un destino mortal…
–Pero no ocurrió.
– ¿Cómo lo sabes?
–Lo supuse por tu cara de espanto, prosigue.
–Pero la escalera no tambaleó y mi corazón comenzó a detenerse de a poco, parecía una llave a mal cerrar cuyo circular de agua era a instantes… así estaba mi corazón.
No podía quedarme de manos cruzadas viendo como mi plan maestro se escondía entre las arenas de la imperfección.
Fue así como me volví protagonista de la obra.
–Pero no fuiste actriz, acuérdate de eso.
–Y recuerda tú, que me estoy refiriendo a la protagonista de mi plan maestro. No sé para que te cuento estas cosas, si veo que no me estás tomando en cuenta, me saldría más barato hablarle a la pared, por lo
menos no me interrumpiría.
–Basta de sentimentalismos, termina de una buena vez tu drama, porque ya me dejaste en ascuas y no pretendo irme a dormir así.
–Cuando vi que la boca de Ernesto corría a encontrarse con la de Rapunzel, algo se apoderó de mí y me hizo correr como loca por la escena.
–Deja que te recuerde que efectivamente ibas corriendo como una loca…
– ¡Estoy hablando en sentido figurado! ¡Tómame en serio aunque sea sólo por esta vez!
–Los medicamentos no están haciendo efecto por lo que veo. Deberías aumentarle la dosis.
–Cállate y déjame continuar si eres tú la interesada en esto, más que mal, la historia me la sé al revés y al derecho.
–Bueno, continúa.
–Entonces corrí hacia el proscenio y sólo se me ocurrió botar de la escalera a Rapunzel, pero la gente no me aplaudió, fue frustrante ¿Sabes?
– ¿Eres idiota o algo por estilo? Botas a alguien de una escalera, la dejas herida, arruinas la obra y aún así pretendes que te aplaudan. Realmente estás mal.
–Si no la dejé herida.
– ¿Salió ilesa del accidente?
–Punto uno, no fue un accidente y punto dos, no salió ilesa.
– ¿Qué le hiciste?
–Fue casi como el final de “Romeo y Julieta”, salvo que en este quedó vivo Romeo, o mejor dicho Ernesto.
– ¿Mataste a Rapunzel?
–No la maté, se murió. Y eso es muy distinto.
–Pero si fuiste tú la que movió las escaleras y la que provocó el accidente.
–Te reitero, no era accidente. Además, ella podría haberse sujetado de la baranda del balcón, si las manos las tenía buenas.
–Y más encima, tratas de lavarte las manos, si no eres Poncio Pilatos.

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