domingo, septiembre 03, 2006

INFIDENCIAS DE UN LOCA (7MA PARTE)...DE VUELTA

Déjame tomar aire para contarlo todo de una vez, aquí va… nunca fui una verdadera actriz, pretendía serlo, pero mi entrevista personal echó mis sueños al baúl de los recuerdos. Con el pasar de los días me llamó el encargado de las entrevistas y dijo que quería verme nuevamente –mi corazón estaba a punto de explotar– yo recogí mi bolso y partí de un súbito a la universidad, en el camino ya forjaba mi carrera: Era la principal de la obra, la que acaparaba todos los aplausos y la que recibía todas las rosas rojas…desperté con el bocinazo del chofer y me percaté que estaba cerca de la facultad. Me arreglé mi oscuro cabello –como dijiste que era oscuro- y me bajé del microbus con una maleta de recuerdos y esperanzas y seguí caminando. Justo al llegar estaba el encargado en la puerta esperándome, yo no pude esperar y corrí a abrazarlo y a besarlo para darle las gracias por la oportunidad de hacerme feliz. Supe que algo estaba mal por la forma en la cual me miró y como levantó una ceja con cara de “Exijo una explicación”, si era igual a condorito, fue ahí cuando me dijo lo siguiente: “Hijita, no la mandé a llamar por eso, lamentablemente, usted dio un excelente prueba, pero no calificó…” Entonces me miró con ojos de abuelito tierno e hizo un ademán de que lo siguiera a su oficina, porque era de mala educación gritar en los patios de la facultad.
– ¿Eso era lo que tenía que saber? ¿Para eso tan ínfimo, “actuaste tanto”?
–No he terminado, si siguen interrumpiendo no lograré terminar nunca… ¡por favor!
Lo seguí atrás como su perrito faldero y con ojos brillantes como un cielo estrellado y con el corazón entre las manos porque ya se arrancaba…
Me hizo pasar a su oficina, era hermosa: Llena de cuadros, de trofeos, era mágica y él parecía un arlequín… adoraba a Neruda y con eso me bastaba; me preocupé mucho por su cara de preocupación, estaba ansiosa sin importar cuales fueran sus palabras, el corazón no se salía de mi cuerpo porque ya estaba entre mis manos, rogando para que se quedara ahí.
Fue ahí y así como supe algo mío que no sabía y que no esperé nunca saber… fue un cataclismo que movió hasta mis más escondidos cimientos.
–Para la parafernalia… directo al punto.
– ¿Quieres que te diga de una buena vez que la entrevista constaba además con una evaluación siquiátrica la cual no pasé? Ya lo hice, si eso es lo que sucedió, yo no sabía porque a esa edad me fui a enterar de que padecía de un trastorno mental: Tenía bipolaridad. Era un hecho que me defraudaba a más no poder, daba lo mismo que fuera bipolar o no, lo importante es que no podía ser actriz… fue muy discriminatorio pensé, pero ellos tienen un punto porque –si algo ocurría– me podría ver involucrada. Así fue como no encontraron nada mejor que decirme que si no podía ser actriz podía estar cerca de ellos, entonces me atreví a preguntarle cómo y me respondió “como la ayudante de vestuario”. Yo lo encontré degradante, es como decir algo para dejar a todos tranquilos, pero yo no quedé conforme y mucho menos tranquila… como no podía ser actriz y yo era una actriz de corazón, me hice la hipócrita y no le rebatí nada y le di las gracias… ¿Gracias por qué? ¿Por opacar mi futuro y el sueño de mi vida?, ya tendrá su momento…
–O sea estás bien loquita, yo pensé que era menos… “cada loco con su tema”, que irónico sonó eso, discúlpame.
Algo me inquieta, ¿Por el hecho de estar loca, bueno, bipolar te encierran y ya? ¿No hay otra manera?
–Es que no es ese el final de mi historia, falta aún más.
¿Te acuerdas que te hablé de la famosa Rapunzel y de mi hombre ideal? Pues ellos no eran ficticios, existen, son reales, en realidad sólo existe uno ahora…
– ¿Entonces no eran los dos reales?
–Ahí viene la parte que no te había dicho, te conté la parte de cómo lo conocí, de cómo conocí a Ernesto, como mi limón… el que cortó mi mamá.
No se cómo, pero vi a Ernesto cuando me pidió fuego, y me enamoré perdidamente… amores de juventud, que lindos y dolorosos que son.
En fin, pero había algo que no sabía y que prefería nunca haber sabido. Ernesto era el pseudo-novio de Rapunzel, mis días de felicidad se habían agotado.
– O sea que parte de tu problema también gatilla en un amorío frustrado, interesante.
–Así es, déjame terminar. Antes, hay algo que a mi me inquieta ahora, con anterioridad tú no querías saber nada de mis historias, pero ahora sí y eso me preocupa. ¿A qué se debe este cambio tan radical?
– ¿Debe haber una razón?
–Cualquiera que sea, dejémosla para el final porque te tengo que seguir contando.
Caminaba muy preocupada por la vida en ese entonces, porque no iba ser actriz y además no podría tener al hombre que amaba en mis brazos, porque otra me lo arrebató antes, ella iba a pagar muy caro…
Algo tenía que hacer, entonces preparé mi plan maestro, algo que nadie tenía que saber, sólo yo…
–Me dejaste totalmente desconcertada, no eres actriz, no tienes a tu hombre y más encima planeas toda una maquinación para que paguen los culpables… te daría el Nóbel de ciencias.
– Vieras el premio que me gané, no se lo doy ni a mi peor enemigo.
– ¿Ni a Rapunzel?
– Ahí podría hacer una excepción, más que una excepción creo…
– ¿Lograste tu cometido? ¿Lograste el plan maestro?
– Si, pero hubiese preferido no haberlo hecho nunca, teniendo en cuenta las consecuencias que me trajo, fueron nefastas…
– Cuéntame más, quiero saber que más aconteció… es gracioso por una parte.
– ¿Qué tiene de gracioso?
– Que vivimos en constante conflicto por tus historias, pero son tus historias, las que nos unen en este momento y nos hacen parecer amigas inseparables.
–De una u otra manera seremos amigas, no se hasta qué punto, pero de que somos inseparables, estás en lo cierto. Déjame seguir contándote. Mi plan maestro, aunque no se que tanto tiene de maestro porque –pese a funcionar- tuvo un desenlace terrible.
Mi plan sería concebir matar a Rapunzel y hacerlo ver como un suicidio.
– ¿A eso llamas un plan maestro? Las ironías de la vida.
–Sabía que poco te iba a durar lo amable conmigo, era de esperarse, yo que creí que por fin los días de conflicto se habían acabado…
–Pero te equivocaste, y más encima tienes una mirada melancólica por lo de tu amorío no concretado, das pena y risa al mismo tiempo.
– ¿Te estás burlando de mí?
– ¿Acaso parece un elogio?
–Seguiré con la historia, pero no por ti, sino porque está a medias tintas y no me gustan las cosas así.
La idea era lograr que la inesperada muerte de Rapunzel pareciera un suicidio, que se notara que ella era la que quería terminar con su vida y no yo la que anhelaba hacerlo.
¿Cómo iba a lograr hacer esto? Esa era la meta que tenía que lograr, de una u otrora forma, pero había que hacerlo, costara lo que costara e implicara a quien implicara, más que mal, en ese entonces era una mujer de armas tomar y mis decisiones se respetaban.
–Parece que eso no es lo que pasa ahora, hoy tus armas están en remisión por lo que veo, y tus decisiones no se respetan mucho que digamos.
–Prefiero estar con un loco que contigo.
–Estás con muchos locos, acuérdate que esto es un sanatorio, un loquero, un manicomio, como quieras llamarlo y está habitado por locos.
–No necesito que no lo recuerdes, basta ya.
La idea era lograr el objetivo dispuesto, todavía no había indicios de cómo hacerlo hasta que un día, se bosquejó en mi mente la manera de hacerlo. Eran los días previos al reestreno de la obra “Rapunzel” y todos andaban de un lado a otro ocupándose de los últimos detalles, de los textos; de los maquillajes; de las luces y el sonido… pero nadie se ocupó de la escalera que debía ocupar Rapunzel para verse alta en la torre y yo–como soy una persona muy considerada– decidí jugar ese rol, sería yo entonces, la que se ocuparía de la escalera. Me hice la desentendida cuando preguntaron que iba a hacer… cuando se fue el tramoyista, corrí raudamente hacia la pieza de los implementos y me robé un maletín con herramientas y me refugié tras las cortinas del proscenio, esperando un momento para eludir a cualquiera que me hubiese visto. Uní las ideas de cómo llevar a cabo el plan maestro y lo puse en marcha. Corrí hacia donde estaba la escalera e hice uso de mis dotes de albañil y comencé a “arreglar” la escalera de tal forma que quedó justo como lo había pensado: Enclenque. Me viese el maestro, estaría orgulloso de tamaña obra que hice.
–Son las 03:00 a.m. y debes ir a dormir, además tengo sueño y si no te duermes, yo tampoco puedo porque quedo preocupada de lo que haces.

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